Juana de cocaína, y compartir agujas. Aunque se

Juana es una mujer de 30 años, muy combativa, que se presenta en Urgencias
desorientada, con fiebre, escalofríos y una tos productiva de esputo amarillo. Se queja de dolor
en el pecho y de dificultad para respirar.
Juana es bien conocida por los médicos. Ha tenido tres ingresos previos con
endocarditis y ha interrumpido su tratamiento clínico en dos de esos ingresos dejando el
hospital en contra de la opinión médica. En su más reciente ingreso previo, se le sustituyó su
válvula mitral por una prótesis porcina. También dio positivo en el test de VIH (pero se
mantiene sin síntomas de SIDA).
La historia social de Juana incluye la prostitución ocasional, el abuso de cocaína, y
compartir agujas. Aunque se ha enviado a Juana repetidamente a un asesor de abuso de
drogas, ella ha rehusado el consejo.
Con un diagnóstico de neumonía, infección por Staphilococos aureus, y una vegetación
de válvula mitral con insuficiencia suave, se le ponen a Juana antibióticos apropiados y se
queda ingresada.
En el tercer día de ingreso, Juana ha mejorado mucho. Está más calmada, menos
combativa y parece resignada al curso clínico como le ha explicado su médico (de cuatro a seis
semanas de antibioterapia IV).
El día diez de hospitalización Juana tiene fiebre baja pero se siente mucho mejor.
Comienza a mostrar signos de irritabilidad. Se enfrenta al médico residente y a la enfermera
cuestionando la necesidad de permanecer en el hospital.
El día 11 Juana se niega a recibir dirección médica del residente y pide que la vea un
“médico de verdad”. Se llama el médico adjunto y Juana le dice que no puede soportar estar
confinada en la sala. Dice que se siente suficientemente bien para que le den el alta. El médico
le explica las razones por las que su situación es peligrosa y por las que está indicado el curso
clínico en el hospital. El le advierte de que arriesga su vida si interrumpe el tratamiento
prematuramente.
Juana trivializa sus advertencias, diciendo “estoy bajo sentencia de muerte de todos
modos”. En el día 12 Juana se marcha contraviniendo las advertencias médicas.
Dos días después, Juana se presenta de nuevo en Urgencias con fiebre, dificultad
respiratoria y ritmo cardíaco acelerado. Un ecocardiograma repetido muestra que el daño de la
válvula mitral es mayor. Se recomienda reemplazar la válvula protésica. El médico de Juana
señala las contraindicaciones de la intervención y sus riesgos. Se pide una consulta con el
comité de ética del hospital. Tras una entrevista, el comité opina que no sería no-ético
reemplazar la válvula cardiaca dañada. Se programa la cirugía.
Juana tolera la cirugía mejor de lo esperado. Tras un período de recuperación, y con la
esperanza de una mayor colaboración se le pone un catéter (adaptador PNR) y se le dan
instrucciones para que ella misma pueda administrarse los antibióticos en casa. En el día 15
después de la operación se le da el alta y se programa una visita en dos días. Juana no se
presenta a la cita.
Cuatro semanas después del alta, Juana se presenta de nuevo en Urgencias, con
fiebre y dificultad respiratoria. Los signos clínicos indican que la segunda válvula ha fallado.
Juana admite que está usando el catéter para cocaína. Las pruebas muestran un
empeoramiento grave de su estado. Juana pide que se ponga otra válvula, diciendo que si los
médicos rehúsan estarían violando sus derechos.